Es un síndrome neurobiológico que se caracteriza principalmente por la inatención, impulsividad e hiperactividad, síntomas que afectan el desarrollo y la calidad de vida de las personas que lo padecen, porque no son síntomas sólo de un momento, sino que provocan un deterioro constante en la organización de la persona y el manejo de la conducta, que se agrava si no es detectado y manejado a tiempo.
Se reconocen tres tipos dependiendo del síntoma que predomina o bien por la combinación de todos. Estos son:
Predominantemente inatento
Predominantemente hiperactivo – impulsivo
Mixto
Según la Encuesta Nacional de Epidemiología Psiquiátrica, entre el 5% y el 6% de la población entre 6 y 16 años de edad lo padece, esto significa más de un millón y medio de niños y niñas.
Es más común en los varones que en las mujeres, con diferencias que van de 3 a 5 hombres por 1 mujer. Asimismo, se ha visto que es más frecuente en los niños primogénitos.
Hoy se considera que el TDAH puede ser el trastorno mental no diagnosticado más común en los adultos (Weiss G. 1999). El diagnóstico de TDAH en el adulto se basa especialmente en el antecedente de TDAH en la infancia. Niños con TDAH tienen mayor riesgo de sufrir algunas comorbilidades junto con su trastorno durante la infancia y adolescencia, en especial trastornos de ansiedad, afectivos (depresión) y obsesivo compulsivos, abuso de drogas, y personalidad antisocial (Biederman J., 1992).
En general, las investigaciones señalan que si se evalúa el desempeño de una persona con TDAH a la edad de 17 años, es probable que ya haya perdido un año escolar (B. Ingersoll, 1988) o que un 35% haya dejado la escuela (G. Weiss & L. T. Hechtman, 1993).
Otras investigaciones señalan que a la edad de 11 años, el 80% de los niños con TDAH tienen un retraso de 2 años en el aprendizaje de habilidades relacionadas con la lectura, la escritura, la ortografía, el cálculo y la resolución de problemas matemáticos (S. Zentall, 1993).
El niño con TDAH presenta un déficit en su adaptación social y a la escuela como institución, principalmente debido a los requerimientos de la escuela tradicional en cuanto al nivel de atención, autocontrol (R. A. Barkley, 1997) y de seguimiento de las reglas que llevan a los niños y niñas al desarrollo de sus capacidades para trabajar en forma organizada y autónoma (R. Reeve, 1994 y S. Goldstein & M. Goldstein, 1992). También es cierto que los especialistas coinciden en aceptar que gran parte de las dificultades surgen por un desajuste entre el niño y el contexto escolar (A. Pelligrini, A., & M. Horvat. 1995), lo que implica la necesidad de adecuar el medio ambiente educativo para adecuarse a las necesidades diferenciadas de los niños y niñas.
Se puede resumir de esta manera:
De cada 100 niños…
de 30 a 50 repiten un año escolar cuando menos una vez.
50 tienen serios problemas en las relaciones sociales.
3 no acaban el bachillerato, presentan comportamiento rebelde que les conduce a malos entendidos; tienen resentimiento con los hermanos; sufren regaños y castigos frecuentes y pueden presentar mayores probabilidades para delinquir y abusar de las drogas.
Con relación al producto específicamente no existe riesgo directo, sino que por los problemas que el TDAH presenta en la madre, como la depresión y la baja autoestima, podrá incrementar el riesgo de un embarazo “tortuoso”, amén del impacto en el bebé por el descuido en el cuidado de la progresión gestacional de la madre.
Se cree que es en gran medida un trastorno genético. Alrededor del 35 por ciento de los padres de niños con TDAH también lo padecen. Es habitual reconocer que otros miembros de la familia tienen TDAH.
Muchos padres se enteran de que tiene TDAH a partir del diagnóstico que se les hace a sus hijos.
• Durante situaciones que requieren atención prolongada
• En medios exigentes y estructurados
• En tareas complejas en las que se deben seguir una serie de instrucciones
• En tareas donde la recompensa no es inmediata
• En ambientes con muchos estímulos
a) Mueve en exceso manos o pies, o se mueve en su asiento
b) Abandona su asiento en la clase o en otras situaciones en que se espera que permanezca sentado
c) Corre o salta excesivamente en situaciones en que es inapropiado hacerlo
d) Tiene dificultades para jugar o dedicarse tranquilamente a actividades de ocio
e) “Está en marcha” o suele actuar como si tuviera un motor
f) Habla en exceso
g) Precipita respuestas antes de haber sido completadas las preguntas
h) Tiene dificultades para guardar turnos
i) Interrumpe o se inmiscuye en las actividades de otros (ej. conversaciones o juegos)
1. Niveles de desatención, hiperactividad e impulsividad inadecuados para la edad del niño (intensidad desadaptativa o incoherente)
2. 6 o más síntomas de inatención y/o 6 o más síntomas de hiperactividad-impulsividad con una duración de al menos 6 meses
3. Presencia de algunos síntomas antes de los 7 años
4. Impacto de los síntomas en más de un ambiente (casa, escuela, sitio de recreo, centro de actividades extraescolares, etc.)
5. Pruebas claras de deterioro clínicamente significativo
6. No es explicable por otro trastorno o problema médico
a) No presta atención suficiente a los detalles o incurre en errores por descuido en las tareas escolares o en otras actividades
b) Tiene dificultades para mantener la atención en tareas o en actividades lúdicas
c) Parece no escuchar cuando se le habla directamente
d) No sigue instrucciones y no finaliza tareas escolares, encargos u obligaciones
e) Tiene dificultades para organizar tareas y actividades
f) Evita, le disgusta o es renuente a realizar tareas que requieren un esfuerzo mental sostenido (como trabajos escolares o domésticos)
g) Extravía objetos necesarios para tareas o actividades
h) Se distrae fácilmente por estímulos irrelevantes
i) Es descuidado en las actividades diarias